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Durante mi estancia en la Ciudad de México con ocasión de la celebración de la segunda reunión de los miembros del Proyecto LatinBanks de la Comisión Europea, tuve la oportunidad de asistir a un Seminario que se organizó con el objetivo de despertar el interés de la comunidad científico/jurídica por el tema, así como para divulgar algunos de los resultados ya obtenidos en el marco del proyecto.
Dicho seminario contó con la participación de los más destacados especialistas europeos y latinoamericanos sobre el tema, entre los que destacaban el Prof. Carlos María Romeo Casabona, el Prof. Jürgen Simon y la Profª.Ingrid Brena Sesma. No obstante también pude escuchar las conferencias de dos invitados locales, que desde el punto de vista de las ciencias empíricas nos iban a ilustrar sobre cómo se está llevando esta actividad en los biobancos mexicanos.
Naturalmente, cuando estuve escuchando la intervención de mi maestro, nuevamente me quedé sin respiración. . . cuanto conocimiento! Por más que leo y releo sus libros no pasa un día sin que aprenda nuevas cosas de él. Es un hombre que se ha adelantado a nuestro tiempo y los libros que escribe son libros del presente y también del futuro.
No me sucedió lo mismo cuando escuché a uno de los invitados locales hablar sobre cómo lleva la colección y el manejo de muestras biológicas en la institución que dirige ―y cuyo nombre no mencionaré―. Pretendiendo mostrar los beneficios de la existencia de los biobancos en México nos hizo ver como su institución había llevado a cabo una serie de estudios que al final dieron como resultado el perfeccionamiento de ciertas técnicas que permiten determinar con bastante certeza qué grupos étnicos son propensos a ciertas enfermedades cardiacas. Nos enseñó unas diapositivas en las cuales mostraba los resultados de sus investigaciones: los asiáticos, los negros y los caucásicos son menos propensos a sufrir cierta enfermedad cardiaca que los latinoamericanos que habitan en México. Hasta allí yo no veía nada raro. El problema vino cuando sucedió nos mostró las siguientes diapositivas. . . el científico nos explicó cómo su institución había recolectado una serie de muestras biológicas de varias poblaciones indígenas mexicanas y las había almacenado para analizar su propensión a dicha enfermedad. Se vanagloriaba al decir que había contado con el consentimiento informado de todos los donantes y que habían invertido una buena cantidad de dinero para una campaña de información de los beneficios que podría traer la investigación biomédica (cuestión de la cual no dudo en absoluto). Hasta aquí yo no conseguía ver ninguna objeción de carácter ético a su actuación, pero ya empecé a ver lo que venía. . . y que al final sucedió. Nos mostró una tabla en la que clasificó a las poblaciones indígenas de acuerdo a su nivel de propensión a ciertas disfunciones cardiacas. Nos hizo ver cómo los habitantes de una en particular ―especificando su nombre― son altamente propensos a padecer estas afecciones!!! Mi juicio ético-jurídico se inundó de asombro. . . no me lo podía creer. . . el científico estaba revelando datos altamente peligrosos.
Si yo hubiera sido gerente o dueño de una compañía de seguros hubiera retirado mis ofertas de seguros de vida por afecciones cardiacas para todos los habitantes del pueblo que el científico mencionó.
La gente que me rodea siempre me ha dicho que mi pensamiento es muy liberal. Yo también lo creo así, pero hay límites por los cuales no puedo pasar. La biotecnología, y para el caso que nos ocupa la actividad desarrollada al interior de los biobancos, es una herramienta que puede traer grandes beneficios a los animales que habitamos este planeta, pero hay muchos riesgos que tendremos que saber minimizar para evitar posibles afectaciones a los derechos fundamentales que eventualmente puedan verse lesionados.
Me parece muy bien que en Latinoamérica se esté invirtiendo en investigación. . . me parece extraordinariamente bien que se analicen las muestras biológicas de los habitantes de México para poder, en un futuro, prevenir o curar ciertas enfermedades. . . pero considero que el publicar los resultados individualizando a la comunidad que es propensa a cierta enfermedad puede traer consecuencias bastante nocivas para los habitantes de dicho pueblo. . . esta es una más de las consideraciones que deben tenerse en cuenta al momento de debatir en torno a las cuestiones derivadas de la regulación jurídica del consentimiento informado, el deber de confidencialidad y la protección de la intimidad y de los datos genéticos de los individuos y de los pueblos que sean sometidos a este tipo de actuaciones. . . ¿es que hemos olvidado lo que sucedió hace unos años en Islandia?
EA.
Ciudad de México, 6-VII-2008
“Mi vida será como tu quieras que sea” suelo decirle al Estado de turno que me oprime ―antes era el peruano y ahora es el español―. Eso, además de la lucha constante contra el sistema establecido, es lo único que los activistas pro-“algo” como yo podemos hacer. Dicho esto, transcribo lo que le dije a Crispinus en la última visita que le hice en el hospital.
I
Cómo se llega a ser lo que se es
Después de haberme empapado con colosales cantidades de punk (materializado en la mayoría de sus formas: libros, música, documentales, películas, etc.) creo que he tocado el cielo y será muy difícil sacarme de allí. Por supuesto que no se me ocurre comparar mi “vida tan normal” ―en sentido peyorativo― con la “extraordinaria” de Nietzsche. He aquí la razón: yo no soy tan sabio, no soy tan inteligente, tampoco escribo tan buenos libros (de hecho, hasta ahora, no he escrito ni uno), no soy un destino ni, mucho menos, “dinamita”.
Aún no me he planteado, estrictu sensu, la pregunta del ¿qué soy? o del ¿cómo he llegado a ser lo que soy? . . . soy muy joven para complicarme la vida con la primera pregunta y el tema, además, me aburre (no sé cómo Nietzsche se preocupó por ello). . . quizás cuando frise los 30 o 40 me ocuparé con seriedad del asunto. No obstante, sobre la segunda cuestión ―la del ¿cómo he llegado a ser lo que soy?― debo indicar que existen una serie de hechos que no escapan de mi mente y que es menester anotarlos ahora: Las mil y una noches que, por supuesto con especial agrado y satisfacción, no he invertido durmiendo, sino leyendo, buscando información, trabajando en un escritorio, escribiendo, pensando, etc. etc. hasta ahora no me están dando un trabajo que me pague lo que quiero . . . ser mileurista es bastante duro y más aún cuando no vives a costa de tus padres. Por suerte el trabajo que tengo ―que consiste en las actividades que acabo de mencionar― no es para mí propiamente un “trabajo” sino más bien un “hobby” o una suerte de “distracción” . . . soy muy afortunado por el hecho de que me paguen (aunque sea poco) por hacer lo que me gusta!!!
Ese no es precisamente el único beneficio que el leer o el pensar me está otorgando, sino que hay uno que, sigilosamente, se camufla dentro de todo lo anterior: el hecho de poder ver el mundo de una forma que un zapatero o un decorador de casas no podría ni imaginar. Pero claro está que el zapatero o el decorador de casas, a su vez también tendrán una visión del mundo que yo tampoco podría ni imaginar!!! La curiosidad me está llevando a plantearme la siguiente pregunta: ¿cómo será la visión del mundo de la canaille?, ¿cómo será la visión del mundo de un zapatero, de un decorador de casas o de una sirvienta ―por razones que conozco, pero que no comprendo, este último trabajo en España es comúnmente desempeñado por la gente que viene del mismo continente del que yo vengo―?
II
Lo que “se es” otorga el monopolio sobre la toma de decisiones sobre determinados asuntos
Evidentemente las decisiones sobre todas las cuestiones que plantea la interacción social tendrán que ser resueltas por alguien que esté capacitado para ello . . . que peligroso sería hacer lo contrario!!! ¿Cómo podríamos dejar que el zapatero tome las decisiones que le corresponden un profesional biosanitario? Y por el contrario ¿cómo podríamos dejar al médico tomar las decisiones que le corresponden tomar al zapatero? Esto es lo que sucede con todo lo que pasa en el mundo. . . la falta de anarquía nos obliga a vivir en un mundo en el que unos tendrán que tomar las decisiones por los demás. . . esto trae consigo, ventajas y desventajas.
Es importante resaltar que todas las personas ―con el objeto de no convertirnos en un parásito social― tenemos que dedicarnos a hacer algo. Yo he escogido ser jurista, concretamente mi especialización es el Derecho penal y el Bioderecho. Mi vida está consagrada al estudio y análisis de los temas que conforman la rama que elegí. Creo estar capacitándome para poder tomar decisiones en un futuro no muy lejano. Estas decisiones tendrán que versar únicamente sobre los temas de los cuales soy especialista. Dado que yo no sé cómo demonios se arregla un zapato o cómo se decora una casa, no tengo la autoridad suficiente como para pronunciarme sobre esos temas. Que el zapatero arregle los zapatos, que el decorador decore casas, que la sirvienta sirva; yo haré lo mío sin meter mis narices en algo de lo cual no tengo ni la más remota idea (aunque los resultados me interesen).
III
Los revolucionarios del siglo de las luces ya se han ido
¿Qué aporte podría dar la canaille en beneficio de los habitantes del planeta? . . . No lo sé . . . la canaille de hoy ya no es la misma que la que en el siglo de las luces consiguió librar al pueblo del tirano que los subyugaba . . . gran parte de la canaille de hoy tiene como pasatiempo favorito el destrozarse el cerebro mediante el consumo de drogas como la marihuana (en cualquiera de sus formas) y viven a costa de papá hasta los 40, los miembros de la canaille encuentran mucha diversión al embrutecerse, al despojarse del poco entendimiento que per se tenían.
¿Cómo dejar que la canaille tome alguna decisión por el bien común?
Entiéndaseme bien. No estoy a favor de la prohibición del consumo de drogas. Creo que cada quién es libre de arruinar o no su propio entendimiento, pero esto no implica de manera alguna que nosotros, los que nos quedamos noches enteras estudiando las mejores formas de resolver tal o cual cuestión tengamos que acatar las decisiones a las que la canaille pueda arribar. Qué barbaridad!!!
IV
El “sentimiento” de lo grotesco
Aquí no termina todo. La decadence de la canaille se vuelve aún más grotesca cuando sus miembros se quejan porque no se les deja participar en la mejora de este mundo aun cuando nunca en sus miserables vidas han participado de forma activa en la lucha por el cambio del sistema establecido ―y con esto no me refiero al supuesto activismo que, por ejemplo en la Comunidad Autónoma Vasca, suelen practicar algunos de los miembros de la izquierda abertzale. Más adelante consagraré, al análisis de este tema, una nota especial―. Estos, la canaille, no conocen lo que es pararse en frente de las oficinas del gobierno con una pancarta que contiene alusiones consagradas al el respeto de los derechos sociales, o no conocen el dolor de pies que ocasiona el participar en una marcha pacífica por la abolición de toda tortura humana o no humana, o por participar en las actividades de diversas instituciones de defensa de algunos ideales, y por supuesto muchísimo menos saben lo que es donar de un porcentaje (aunque sea ínfimo) del sueldo para pagar por lo que le hacemos a los países de la periferia, etc.
He ahí la diferencia entre la canaille y los activistas pro-“algo”.
No puedo obviar el mencionar que en la España de hoy, la mayoría de los jóvenes se reputan activistas pro-“algo”. . . pero toda lucha pierde su sentido cuando se empiezan a argumentar razones estúpidas. Ej. “descarrilemos el desarrolismo”, “no a los transgénicos”, “jóvenes unidos para que los taxis sean amarillos y no blancos” o “asociación de personas que luchan para conseguir que el sol sea verde y que no brille tanto”.
No serán activistas los que luchen por luchar . . . para serlo hace falta una ratio.
V
La conclusión
Este mundo está arruinado. Y no porque nunca vaya a cambiar, sino porque el cambio tardará en llegar. Mis ojos nunca verán un mundo sin banderas, mis oídos siempre escucharán un himno nacional y los llantos de los animales que mueren explotados por el hombre, mis ojos nunca verán una Comunidad Autónoma Vasca libre de la lacra que corrompe sus juventudes, ni una latinoamérica unida que reclame (pero en serio) a Europa el respeto que nos merecemos, no veré un mundo sin políticas xenófobas, ni un mundo sin canaille.
Por ello vuelve a venir a mi cabeza la frase con la que empecé esta nota y que le suelo decir al Estado, pero esta vez la escribiré completa, pues al inicio de estas líneas solo dije la mitad:
“Mi vida será como tu quieras que sea . . . pero no te será fácil conseguirlo! ”
Por todas estas razones me siento orgulloso de que en un futuro podré decidir por los demás . . . me he ganado ese derecho . . . otros no.
EA
Bilbao, 22-VI-2008.
