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“Mi vida será como tu quieras que sea” suelo decirle al Estado de turno que me oprime ―antes era el peruano y ahora es el español―. Eso, además de la lucha constante contra el sistema establecido, es lo único que los activistas pro-“algo” como yo podemos hacer. Dicho esto, transcribo lo que le dije a Crispinus en la última visita que le hice en el hospital.
I
Cómo se llega a ser lo que se es
Después de haberme empapado con colosales cantidades de punk (materializado en la mayoría de sus formas: libros, música, documentales, películas, etc.) creo que he tocado el cielo y será muy difícil sacarme de allí. Por supuesto que no se me ocurre comparar mi “vida tan normal” ―en sentido peyorativo― con la “extraordinaria” de Nietzsche. He aquí la razón: yo no soy tan sabio, no soy tan inteligente, tampoco escribo tan buenos libros (de hecho, hasta ahora, no he escrito ni uno), no soy un destino ni, mucho menos, “dinamita”.
Aún no me he planteado, estrictu sensu, la pregunta del ¿qué soy? o del ¿cómo he llegado a ser lo que soy? . . . soy muy joven para complicarme la vida con la primera pregunta y el tema, además, me aburre (no sé cómo Nietzsche se preocupó por ello). . . quizás cuando frise los 30 o 40 me ocuparé con seriedad del asunto. No obstante, sobre la segunda cuestión ―la del ¿cómo he llegado a ser lo que soy?― debo indicar que existen una serie de hechos que no escapan de mi mente y que es menester anotarlos ahora: Las mil y una noches que, por supuesto con especial agrado y satisfacción, no he invertido durmiendo, sino leyendo, buscando información, trabajando en un escritorio, escribiendo, pensando, etc. etc. hasta ahora no me están dando un trabajo que me pague lo que quiero . . . ser mileurista es bastante duro y más aún cuando no vives a costa de tus padres. Por suerte el trabajo que tengo ―que consiste en las actividades que acabo de mencionar― no es para mí propiamente un “trabajo” sino más bien un “hobby” o una suerte de “distracción” . . . soy muy afortunado por el hecho de que me paguen (aunque sea poco) por hacer lo que me gusta!!!
Ese no es precisamente el único beneficio que el leer o el pensar me está otorgando, sino que hay uno que, sigilosamente, se camufla dentro de todo lo anterior: el hecho de poder ver el mundo de una forma que un zapatero o un decorador de casas no podría ni imaginar. Pero claro está que el zapatero o el decorador de casas, a su vez también tendrán una visión del mundo que yo tampoco podría ni imaginar!!! La curiosidad me está llevando a plantearme la siguiente pregunta: ¿cómo será la visión del mundo de la canaille?, ¿cómo será la visión del mundo de un zapatero, de un decorador de casas o de una sirvienta ―por razones que conozco, pero que no comprendo, este último trabajo en España es comúnmente desempeñado por la gente que viene del mismo continente del que yo vengo―?
II
Lo que “se es” otorga el monopolio sobre la toma de decisiones sobre determinados asuntos
Evidentemente las decisiones sobre todas las cuestiones que plantea la interacción social tendrán que ser resueltas por alguien que esté capacitado para ello . . . que peligroso sería hacer lo contrario!!! ¿Cómo podríamos dejar que el zapatero tome las decisiones que le corresponden un profesional biosanitario? Y por el contrario ¿cómo podríamos dejar al médico tomar las decisiones que le corresponden tomar al zapatero? Esto es lo que sucede con todo lo que pasa en el mundo. . . la falta de anarquía nos obliga a vivir en un mundo en el que unos tendrán que tomar las decisiones por los demás. . . esto trae consigo, ventajas y desventajas.
Es importante resaltar que todas las personas ―con el objeto de no convertirnos en un parásito social― tenemos que dedicarnos a hacer algo. Yo he escogido ser jurista, concretamente mi especialización es el Derecho penal y el Bioderecho. Mi vida está consagrada al estudio y análisis de los temas que conforman la rama que elegí. Creo estar capacitándome para poder tomar decisiones en un futuro no muy lejano. Estas decisiones tendrán que versar únicamente sobre los temas de los cuales soy especialista. Dado que yo no sé cómo demonios se arregla un zapato o cómo se decora una casa, no tengo la autoridad suficiente como para pronunciarme sobre esos temas. Que el zapatero arregle los zapatos, que el decorador decore casas, que la sirvienta sirva; yo haré lo mío sin meter mis narices en algo de lo cual no tengo ni la más remota idea (aunque los resultados me interesen).
III
Los revolucionarios del siglo de las luces ya se han ido
¿Qué aporte podría dar la canaille en beneficio de los habitantes del planeta? . . . No lo sé . . . la canaille de hoy ya no es la misma que la que en el siglo de las luces consiguió librar al pueblo del tirano que los subyugaba . . . gran parte de la canaille de hoy tiene como pasatiempo favorito el destrozarse el cerebro mediante el consumo de drogas como la marihuana (en cualquiera de sus formas) y viven a costa de papá hasta los 40, los miembros de la canaille encuentran mucha diversión al embrutecerse, al despojarse del poco entendimiento que per se tenían.
¿Cómo dejar que la canaille tome alguna decisión por el bien común?
Entiéndaseme bien. No estoy a favor de la prohibición del consumo de drogas. Creo que cada quién es libre de arruinar o no su propio entendimiento, pero esto no implica de manera alguna que nosotros, los que nos quedamos noches enteras estudiando las mejores formas de resolver tal o cual cuestión tengamos que acatar las decisiones a las que la canaille pueda arribar. Qué barbaridad!!!
IV
El “sentimiento” de lo grotesco
Aquí no termina todo. La decadence de la canaille se vuelve aún más grotesca cuando sus miembros se quejan porque no se les deja participar en la mejora de este mundo aun cuando nunca en sus miserables vidas han participado de forma activa en la lucha por el cambio del sistema establecido ―y con esto no me refiero al supuesto activismo que, por ejemplo en la Comunidad Autónoma Vasca, suelen practicar algunos de los miembros de la izquierda abertzale. Más adelante consagraré, al análisis de este tema, una nota especial―. Estos, la canaille, no conocen lo que es pararse en frente de las oficinas del gobierno con una pancarta que contiene alusiones consagradas al el respeto de los derechos sociales, o no conocen el dolor de pies que ocasiona el participar en una marcha pacífica por la abolición de toda tortura humana o no humana, o por participar en las actividades de diversas instituciones de defensa de algunos ideales, y por supuesto muchísimo menos saben lo que es donar de un porcentaje (aunque sea ínfimo) del sueldo para pagar por lo que le hacemos a los países de la periferia, etc.
He ahí la diferencia entre la canaille y los activistas pro-“algo”.
No puedo obviar el mencionar que en la España de hoy, la mayoría de los jóvenes se reputan activistas pro-“algo”. . . pero toda lucha pierde su sentido cuando se empiezan a argumentar razones estúpidas. Ej. “descarrilemos el desarrolismo”, “no a los transgénicos”, “jóvenes unidos para que los taxis sean amarillos y no blancos” o “asociación de personas que luchan para conseguir que el sol sea verde y que no brille tanto”.
No serán activistas los que luchen por luchar . . . para serlo hace falta una ratio.
V
La conclusión
Este mundo está arruinado. Y no porque nunca vaya a cambiar, sino porque el cambio tardará en llegar. Mis ojos nunca verán un mundo sin banderas, mis oídos siempre escucharán un himno nacional y los llantos de los animales que mueren explotados por el hombre, mis ojos nunca verán una Comunidad Autónoma Vasca libre de la lacra que corrompe sus juventudes, ni una latinoamérica unida que reclame (pero en serio) a Europa el respeto que nos merecemos, no veré un mundo sin políticas xenófobas, ni un mundo sin canaille.
Por ello vuelve a venir a mi cabeza la frase con la que empecé esta nota y que le suelo decir al Estado, pero esta vez la escribiré completa, pues al inicio de estas líneas solo dije la mitad:
“Mi vida será como tu quieras que sea . . . pero no te será fácil conseguirlo! ”
Por todas estas razones me siento orgulloso de que en un futuro podré decidir por los demás . . . me he ganado ese derecho . . . otros no.
EA
Bilbao, 22-VI-2008.
Al enterarme que Crispinus ha sido detenido bajo la acusación de haber cometido un nuevo asesinato y violación he cogido un vuelo barato que me ha llevado desde Bilbao hasta Italia por 6 euros con el principal objetivo de poder conocer la personalidad del acusado. Luego de pedir una serie de permisos para poder entrevistarme con Crispinus, y con el consentimiento de este, he podido entrevistarme con él hace dos días... la situción para mí era, por demás, muy alentadora pues tenía en frente mio a una de las personas a las que consagraré mi tesis doctoral, y por ello en un primer momento no supe que decir... al cabo de unos segundos Crispinus rompió el silencio y con una voz un tanto tímida pronunció la siguente frase: "Empty Cages... Facing the challenge of animal rights... by Tom Regan". Gracias a que en ese momento yo tenía en mi mano un bolígrafo, pude copiar dicha frase en una hoja, pero al levantar la cabeza Crispnus había desaparecido. La policia italiana me dijo que ya no quería hablar conmigo, pero que en dos semanas me recibiría a la misma hora. Un tanto confuso y apenado por no haber podido entrevistar al asesino, cogí el vuelo de regreso a Bilbao y una vez en casa me sumergí en internet para ver qué es lo que Crispinus habría querido decirme. Bastó con escribir la frase en Google para que en el acto me enterara de qué es de lo que Crispinus hablaba: un libro sobre los derechos de los animales... 4 días después me llegaba por correo la obra y tan solo 5 horas después ya la había leído. He aquí mi apreciación:
Pocos son los autores y los libros que atrapan al lector tanto como Tom Regan y su obra. Basta con empezar la lectura de "Empty cages" para rápidamente darse cuenta de qué trata el texto: ...de una jaula en la cual se encontraban hacinados varios gatos y perros, una persona cogió, utilizando unas largas tenazas metálicas, a una gata blanca viva para luego sumergirla brutalmente en agua hirviendo durante aproximadamente 10 segundos... aún viva pero magullada, la gata es despellejada hasta que, luego de ser arrojada a una cuba de piedra y de agonizar por unos minutos, muere.
Efectivamente, Jaulas vacías constituye una muy buena introducción al problema de los derechos de los animales, aunque, desde mi punto de vista, no la mejor, pues es Regan un ferviente defensor de la idea de que son moralmente relevantes todos aquellos seres que son "sujetos de una vida", noción que desde mi perspectiva ―siguiendo a Singer― no tiene relevancia al momento de dibujar la línea entre lo moralmente relevante y lo moralmente irrelevante.
El libro consta de 5 partes de las cuales la primera constituye una especie de llamamiento a las filas de los “defensores de los derechos de los animales” de toda la gente que aún no lo es. Describe Regan cómo una persona común y corriente puede terminar siendo un ferviente defensor de los derechos de los animales relatando cómo fue emplazado él personalmente para seguir esta forma de vida.
La segunda parte constituye el eje filosófico de la obra, pues analiza el autor la noción de “derechos morales”, su importancia y su fundamento. No comparto la idea de la existencia de los llamados derechos morales, pues desde mi perspectiva un derecho llega a ser tal únicamente desde que es positivizado en alguna norma jurídica ―en mi opinión, previamente no existe un derecho moral, sino únicamente el interés de proteger los bienes jurídicos de determinado individuo de un peligro concreto―. Como lo había indicado más arriba, Regan defiende la idea de que el fundamento de los derechos de los animales radica precisamente en la capacidad de ser “sujeto de una vida” y construye toda su teoría en base a esta idea.
Por su parte, la tercera parte nos ofrece un breve análisis sobre el estado actual de la legislación norteamericana respecto del cuidado de los animales sometidos a la explotación humana. Regan demuestra cómo los cuerpos legislativos articulados para “proteger” a los demás animales no tienen, en la práctica, el efecto deseado.
Es importante resaltar la cuarta parte del libro, pues es esta la que, en mi opinión, es la más importante de toda la obra ―debido, fundamentalmente, a que no coincido con la teoría que Regan ha estructurado para justificar el otorgamiento de derechos fundamentales a los demás animales y que desarrolla en los apartados anteriores―. El autor detalla minuciosamente todo el proceso de “metamorfosis” que sufren los demás animales para satisfacer las necesidades humanas, metamorfosis esta que, para los individuos que la padecen, implica cantidades inimaginables de dolor y sufrimiento. Es así como Regan nos detalla la forma en que se transforma a los demás animales en comida, en prendas de vestir, en espectáculos de diversión para el público y en instrumentos de investigación.
Por último, el autor finaliza la obra describiendo brevemente el trabajo que los defensores de los derechos de los animales han llevado a cabo hasta la fecha y, además apuntando algunas sugerencias para todos aquellos “emplazados”. No cabe duda que el último párrafo del epílogo constituye la parte más excitante de todo el texto, pues en él se vuelve a traer a colación la historia con la que empezó la obra: la historia de la gata que encerrada en una jaula esperaba el momento en que la sumergirían viva en agua hirviendo para el cocinero del restaurante pudiera despellejarla para satisfacer los paladares de los comensales. Regan relata cómo debería ser haber acabado esa historia (y todas las demás historias en la que otros animales esperan en sus prisiones el momento en el que serán asesinados): el cocinero entra al lugar donde se guardan todas las jaulas y, para sorpresa suya, encuentra todas vacías (incluso la que contenía hacinada a la gata blanca) y al lado de las prisiones a Regan y a mi de pie, preparados para explicar lo sucedido y dispuestos a afrontar lo que el destino nos depare.
En fin “Empty cages” es, sin lugar a dudas, una excelente obra que recomiendo a todos aquellos que aún se están introduciendo al estudio de algunos temas de filosofía contemporánea. Espero que Chris se anime a leer este libro pues, al fin de cuentas, no en vano Regan lo dedicado “a los emplazados, donde quiera que estén”.
PS. Me estoy preparando para mi nueva visita a Crispinus... ¿me comentará algo sobre este libro?
EA
Bilbao, 30-V-2008
Chris sabe que soy un ferviente seguidor teórico-práctico del utilitarismo de preferencia [para más detalles sobre el tema véase Singer, Ética práctica, pp. 6-11]. La defensa de los derechos de los animales ha constituido, durante el último lustro y junto con el Derecho penal, mi principal foco de atención dado el interés que despierta para mí el estudio de las diversas formas de opresión estatal. Por ello, como primera nota consagrada a la causa de la liberación animal, me ha parecido oportuno incluir el video de la canción "Quiero vivir" de la banda limeña Futuro Vegapop, pues en ella se intenta mostrar que algunos intereses de los demás animales son idénticos a los de los humanos.
Digo todo esto porque una de los principales argumentos de quienes defienden la idea de que el Estado no debe otorgar derecho fundamentales básicos a los demás animales, es que éstos carecen de consciencia, por lo que estarían físico-biológicamente incapacitados para poder tener interés en que los que los que los oprimimos nos abstengamos de hacerlo, pues con ello estaríamos causándoles algún perjuicio o daño en su integridad físico-psíquica o en su salud. Si bien es cierto que a mi juicio el poseer cierto grado de consciencia (autoconsciencia) es una factor irrelevante para debatir en torno al fundamento o justificación de los derechos fundamentales, intentaré a continuación indagar sobre la cuestión de que si es realmente cierto que los demás animales carecen de consciencia.
Pues bien, para poder determinar dicha cuestión, en principio debemos determinar y precisar la noción de la palabra consciencia. Los etólogos, indican que existen dos niveles o grados de consciencia: la primera es la perceptiva (que implica la percepción del entorno) y la segunda es la denominada autoconsciencia (que implica la capacidad de saber quién es uno o una misma en el mundo, por ejemplo, yo sé que soy Emilio José Armaza, y estoy seguro que no existen otros “Emilios Armazas” en el mundo con la misma experiencia y pensamiento que el mío). Naturalmente existen muchas especies animales que tienen consciencia perceptiva [Cfr. Bekoff, Nosotros los animales, pp. 65], como por ejemplo los humanos, los chimpancés, los cerdos, etc; pero también es posible que existan otros tantos que no la tengan, por ejemplo las ostras.
Estudios, ya no tan recientes, han demostrado como algunos chimpancés utilizan espejos para acicalarse partes de su cuerpo que sólo podrían ver de esa forma; incluso utilizan el mismo sistema para poder examinar las marcas que los científicos dejaron en sus cuerpos mientras éstos estaban sedados. De esto se puede deducir que los individuos a los que hacemos referencia estarían afirmado: “este (esto) soy yo”. Y, por otro lado preguntándose “¿qué me ha pasado?”.
Pues bien, demostrado otros animales son, al igual que nosotros, autoconscientes pasemos a analizar brevemente si la falta de esta capacidad es moralmente relevante para reducir el valor del sufrimiento de estos otros animales.
Supongamos que Juan ha sufrido un accidente que ha dañado irremediablemente su cerebro, de manera tal que ahora posee las mismas capacidades que una gamba (aunque no sabemos con precisión si estos animales son o no autoconscientes, para efectos del presente ejemplo vamos a suponer que no lo son). De esta manera tenemos a un humano que, a pesar de no ser autoconsciente, aún posee la capacidad de percibir el mundo que lo rodea. No sabe quién es ni que hace en este mundo, pero si sabe que si le doy un golpe le va a doler mucho. ¿Es el interés por evitar el dolor de Juan, menos valioso que mi interés por lo mismo? Desde ya nos atrevemos a indicar que el valor del interés por evitar el dolor no depende de la capacidad de autoconsciencia que posean o no los individuos que se pretendan comparar, sino únicamente de la capacidad de sufrir (lo que implica la presencia de la consciencia perceptiva). Nadie estará legitimado para prender fuego al brazo de Juan por el simple hecho de que este no sepa qué o quién es, ni que hace en este lugar.
A pesar de que, a mi juicio, la posesión o carencia de esta capacidad no es relevante al momento de hablar sobre la justificación de los derechos fundamentales de los animales, de todas maneras, me atrevo a afirmar que, sin lugar a dudas, entre otros muchos animales, todos los primates (humanos, chimpancés, gorilas y orangutanes), perros, vacas, cerdos, ratas, ratones, delfines, ballenas, cabras y casi todos los mamíferos poseen autoconsciencia pues esta capacidad se puede observar claramente de las interacciones que estos animales tienen con otros individuos en el seno de sus sociedades (véase que en las sociedades de casi todos los mamíferos el jefe o líder del grupo sabe perfectamente que lo es, y el súbdito, asimismo, conoce a la perfección el lugar que ocupa).
Como no tengo nada más que decir por ahora los dejo con el video prometido.
EA
Bilbao, 29-V-2008
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Peter Singer, Ética práctica, Traducción de Rafael Herrera Bonet, Cambridge University Press, Madrid, 2003.
Marc Bekoff, Nosotros los animales, Traducción de Rafael Boró, Editorial Trotta, Madrid, 2003.
